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El sistema «Alertas tempranas para todos» no funcionará sin suministro eléctrico local

Por Shivangi Chavdaa
26 de junio de 2026

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Blog: «Early Warning for All» fracasará sin el apoyo de las autoridades locales, por Shivangi Chavdaa, directora de programas de GNDR

Los sistemas de alerta temprana están ampliamente reconocidos como una de las inversiones más rentables en materia de reducción del riesgo de desastres. Sin embargo, para millones de personas que viven en primera línea de los riesgos climáticos y de desastres, las alertas siguen llegando demasiado tarde, en un formato inadecuado o, directamente, no llegan. No se trata de un fallo de la tecnología, sino de un fallo de gobernanza —y de la falta de voluntad política para descentralizar el poder—.

A medida que iniciativas globales como «Alertas tempranas para todos» cobran impulso, existe el riesgo inminente de que los avances se midan en función del número de satélites lanzados y de los paneles de control creados, en lugar de en las vidas protegidas y las pérdidas evitadas a nivel comunitario. La Hoja de ruta estratégica de GNDR sobre sistemas de alerta temprana localizados cuestiona esta trayectoria y ofrece un mensaje claro a los responsables políticos: los sistemas de alerta temprana solo serán eficaces cuando estén gestionados a nivel local, gozen de la confianza de la población local y permitan actuar a nivel local.

La brecha de localización en los sistemas de alerta temprana

Durante la última década, los países han logrado avances notables en el seguimiento y la predicción de riesgos. Sin embargo, la colaboración de GNDR con organizaciones de la sociedad civil de todas las regiones pone de manifiesto una brecha persistente y sistémica entre la infraestructura nacional de alerta temprana y la actuación a nivel comunitario.

Las alertas suelen centrarse en los peligros, en lugar de basarse en el riesgo. Rara vez reflejan la exposición, la vulnerabilidad o la capacidad de respuesta a nivel local. La información se difunde sin tener en cuenta el idioma, el género, la discapacidad, los modelos de subsistencia o la confianza en las instituciones. Y lo que es más importante, las alertas tempranas suelen carecer de criterios de activación claros y viables que permitan adoptar medidas tempranas o preventivas a nivel local.

Los agentes locales —organizaciones comunitarias, grupos de mujeres, redes juveniles y autoridades locales— suelen considerarse la «última etapa» de la ejecución. En realidad, son el primer punto de contacto entre la información sobre riesgos y las medidas de protección. Sin embargo, siguen quedando excluidos de la toma de decisiones, carecen de recursos suficientes y se les trata como meros ejecutores en lugar de como socios del sistema.

Un marco para el cambio sistémico

Publicada hoy, la Hoja de ruta estratégica —que forma parte de nuestro proyecto financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, de la Commonwealth y de Desarrollo del Reino Unido, «Localización de los sistemas de alerta temprana y la acción anticipatoria a través de las OSC», con el apoyo de la Cruz Roja Británica y la alianza Risk-informed Early Action (REAP) — se basa en los conocimientos y la experiencia de las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades de primera línea de la red de GNDR, compuesta por más de 2.000 organizaciones miembros en más de 130 países. En ella se defiende un cambio fundamental en la forma en que se diseñan, financian y gestionan los sistemas de alerta temprana, estructurado en torno a seis prioridades estratégicas: gobernanza e integración de políticas; participación y apropiación de la comunidad; tecnología, innovación y datos; fortalecimiento de capacidades; financiación y sostenibilidad; y conocimiento, aprendizaje y evidencia.

En esencia, la hoja de ruta sostiene que las comunidades deben ser consideradas cocreadoras y guardianas de los sistemas de alerta temprana, y no meras receptoras pasivas de información. Los conocimientos indígenas y tradicionales deben reconocerse como un elemento fundamental para la comprensión de los riesgos. Además, los modelos de financiación que actualmente socavan la apropiación local deben sustituirse por una financiación flexible, directa y a largo plazo que permita que los sistemas perduren más allá de los proyectos que los crearon.

Qué hay que cambiar: recomendaciones de las partes interesadas

La hoja de ruta establece recomendaciones específicas para cuatro grupos.

Se insta a las comunidades locales y a las organizaciones de la sociedad civil están llamadas a reforzar las estructuras comunitarias de gestión de desastres, promover la participación inclusiva de las mujeres, los jóvenes, las personas con discapacidad y los pueblos indígenas, e invertir en el seguimiento y el aprendizaje impulsados por la comunidad. La integración de los conocimientos indígenas y tradicionales con los datos científicos —para crear conjuntamente sistemas de alerta culturalmente pertinentes— es fundamental para esta agenda.

Los gobiernos locales y nacionales deben institucionalizar los sistemas de alerta temprana (SAT) adaptados al contexto local dentro de los marcos nacionales de reducción del riesgo de desastres, adaptación al cambio climático y desarrollo, con mandatos claros y mecanismos de rendición de cuentas. La hoja de ruta aboga por asignaciones presupuestarias sostenidas para el mantenimiento, la formación y la participación de la comunidad —alejándose de forma decisiva de los ciclos de proyectos a corto plazo— y por plataformas de coordinación entre múltiples partes interesadas que conecten a los organismos nacionales con las autoridades subnacionales y las comunidades locales.

Se insta a las partes interesadas regionales y mundiales deben facilitar el aprendizaje Sur-Sur, apoyar la alineación de las políticas y la armonización técnica entre países, y defender la agenda de localización en los marcos de reducción del riesgo de desastres y resiliencia climática para después de 2030. Los organismos regionales tienen un papel específico que desempeñar en la promoción de la coordinación transfronteriza y de las redes de alerta temprana frente a múltiples riesgos.

Los donantes y las instituciones financieras se enfrentan quizá al llamamiento más directo al cambio. La hoja de ruta les insta a pasar de una financiación basada en proyectos a una financiación programática y flexible, a invertir en mecanismos de financiación proactivos y basados en el riesgo —incluida la financiación basada en previsiones y los seguros paramétricos— y a dar prioridad a la equidad en las decisiones de financiación, garantizando que las organizaciones dirigidas por mujeres y de base comunitaria tengan acceso directo a los recursos. La inversión basada en resultados, vinculada a mejoras cuantificables en materia de inclusión y resiliencia, en lugar de a productos, es el estándar que establece la hoja de ruta.

Testimonios desde la primera línea

La hoja de ruta estratégica de GNDR se basa en los datos recopilados por la sociedad civil local a través de encuestas mundiales, diálogos nacionales con múltiples partes interesadas y consultas regionales. En diversos contextos —inundaciones, sequías, ciclones, olas de calor y deslizamientos de tierra—, los miembros identificaron de forma sistemática cinco barreras estructurales:

  1. Acceso limitado a información sobre riesgos localizada y centrada en las personas

  2. Escasa integración entre los mecanismos de alerta temprana y de actuación temprana

  3. Reconocimiento insuficiente de los sistemas de conocimientos locales e indígenas

  4. Gobernanza fragmentada y compartimentos estancos institucionales

  5. Financiación insuficiente, poco flexible y a corto plazo para los agentes locales

Al mismo tiempo, los miembros documentaron prácticas locales eficaces: el seguimiento impulsado por la comunidad, las redes de comunicación de confianza, los mecanismos de preparación dirigidos por mujeres, la ciencia ciudadana y los protocolos de actuación definidos a nivel local. Sin embargo, todas ellas son soluciones que funcionan pero que siguen siendo marginales en los sistemas nacionales y mundiales.

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Foto: Supratim Bhattacharjee/Climate Visuals. Las marejadas en la isla de Namkhana han inundado una casa. El terreno se ha debilitado y es ahora una zona propensa a sufrir desastres naturales con frecuencia. Las tormentas, las lluvias torrenciales y las inundaciones causan estragos en esta zona. El aumento del nivel del mar, de aproximadamente 3,14 mm al año, ha sumido a varias islas bajo el agua.

Lo que hay que cambiar: cinco cambios en las políticas

La Hoja de ruta estratégica aboga por una reorientación fundamental de los sistemas de alerta temprana mediante cinco cambios clave en materia de políticas:

  1. De los datos sobre peligros a la información sobre riesgos centrada en las personas
    Los sistemas de alerta temprana deben integrar los datos científicos con los conocimientos locales, la vulnerabilidad social y el análisis de la exposición, elaborados conjuntamente con las comunidades en riesgo.
  2. De la alerta temprana a la acción preventiva
    Las alertas deben dar lugar a medidas predefinidas y dirigidas a nivel local, respaldadas por mandatos claros, financiación y rendición de cuentas, antes de que los efectos se agraven.
  3. Del control centralizado a la gobernanza compartida
    Las organizaciones de la sociedad civil locales y los grupos en situación de riesgo deben desempeñar funciones formales en la gobernanza, el diseño, la implementación y la evaluación de los sistemas de alerta temprana, y no limitarse a una consulta puntual.
  4. De proyectos piloto aislados a la integración en todo el sistema
    Las iniciativas locales que hayan demostrado su eficacia deberían institucionalizarse en los sistemas nacionales y recibir financiación para garantizar su ampliación y sostenibilidad.
  5. De la financiación de proyectos a la inversión local sostenida
    Los donantes deben ir más allá de la financiación a corto plazo, centrada en los resultados, e invertir en el fortalecimiento a largo plazo de las capacidades locales, el liderazgo y los sistemas.

El papel de los responsables políticos y los donantes

Los sistemas de alerta temprana localizados no surgirán de forma espontánea. Requieren decisiones políticas deliberadas. Los gobiernos deben integrar la localización en las estrategias nacionales de sistemas de alerta temprana, los marcos jurídicos y los presupuestos. Los donantes y los organismos multilaterales deben adaptar la financiación al liderazgo local, proporcionando recursos directos, flexibles y predecibles a los agentes locales.

Es fundamental que la responsabilidad de «Alerta Temprana para Todos» no debe medirse únicamente en función de la cobertura, sino también de quién controla el sistema, quién actúa ante la alerta y quién se beneficia de ella.

Un momento decisivo

Los próximos años suponen un momento decisivo para la gobernanza mundial del riesgo de desastres. Los efectos del cambio climático se están acelerando, las desigualdades se están agravando y el coste de la inacción va en aumento. Seguir invirtiendo en sistemas de alerta temprana que excluyen a los agentes locales solo servirá para reproducir los fallos actuales, pero a mayor escala.

La Hoja de ruta estratégica de GNDR para la localización de los sistemas de alerta temprana ofrece un enfoque diferente: uno en el que las comunidades no son meras receptoras pasivas de las alertas, sino líderes activos en la reducción de riesgos y la actuación temprana.

No es posible garantizar una alerta temprana para todos sin contar con el poder local. La elección a la que se enfrentan los responsables políticos es clara: reforzar los sistemas centralizados que fallan a los más vulnerables, o invertir en soluciones impulsadas a nivel local que salvan vidas, medios de subsistencia y dignidad.

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