Blog de Shivangi Chavdaa, Jefa de Programas de GNDR. Este blog se publicó por primera vez en PreventionWeb.
En octubre de 2024, unas devastadoras inundaciones arrasaron Valencia, España, cobrándose más de 200 vidas. La tragedia conmocionó a un país conocido por tener uno de los sistemas meteorológicos más avanzados de Europa. Los pronósticos eran precisos. Se emitieron alertas. La tecnología funcionaba. Sin embargo, la gente murió. ¿Por qué? Porque las alertas tempranas no conducen automáticamente a una acción temprana.
La catástrofe de Valencia no es una excepción. Tristemente, es un ejemplo reciente de un patrón recurrente: a pesar de las grandes mejoras en las herramientas de previsión y los sistemas de monitoreo de peligros, las comunidades a menudo permanecen desprevenidas, vulnerables e inseguras de qué hacer cuando ocurre un desastre. Una situación similar se produjo en Mozambique durante el ciclón Idai en 2019, donde se emitieron alertas tempranas, pero miles de personas permanecieron expuestas debido a la deficiente infraestructura de comunicación, la preparación limitada y la falta de opciones de evacuación, lo que provocó más de 900 muertes.
Estos casos -uno en Europa, otro en el Sur Global- apuntan a una verdad fundamental: la tecnología por sí sola no puede salvar vidas.
El eslabón perdido es el compromiso público.
Advertencias sin confianza, comprensión ni acción
Lo ocurrido en Valencia puso de manifiesto una profunda desconexión entre los sistemas de alerta temprana y las personas a las que deben proteger. Aunque las agencias meteorológicas emitieron alertas, esas advertencias no se tradujeron en acciones de protección por varias razones:
- Las advertencias se retrasaron o fueron poco claras a nivel municipal, especialmente en zonas con un elevado número de residentes de edad avanzada y de habla extranjera.
- La gente no sabía cómo responder; las rutas de evacuación eran confusas o no estaban señalizadas, y los planes de catástrofe estaban anticuados o no se comunicaban.
- La planificación urbana ignoró los riesgos de las llanuras aluviales, aumentando la vulnerabilidad de los entornos construidos
- La falta de un liderazgo local de confianza provocó confusión e inacción
- Los organismos gubernamentales vacilaron, esperando la aprobación burocrática para actuar, incluso cuando había vidas en peligro.
A pesar de que se disponía de la información adecuada, los mecanismos de distribución erróneos, las responsabilidades poco claras y la falta de confianza de los ciudadanos hicieron que las advertencias fueran ineficaces.
La alerta precoz no es una comunicación unidireccional
Con demasiada frecuencia, los sistemas de alerta temprana se construyen como herramientas técnicas, no como sistemas comunitarios. Se basan en datos, previsiones y algoritmos, pero no se preguntan: ¿lo entenderá la gente y actuará en consecuencia?
La gente no actúa sobre aquello en lo que no confía, no entiende o de lo que no se siente partícipe.
- Las advertencias se emiten, pero no se entienden, cuando los mensajes se transmiten en jerga técnica o en formatos de arriba abajo.
- Se escuchan las advertencias, pero no se confía en ellas, sobre todo si las comunidades no han participado en la evaluación de los riesgos ni en el diseño del sistema.
- Se reciben advertencias, pero no se actúa, cuando las personas carecen de orientación clara o de recursos para responder con eficacia.
Esto crea lo que la Red Global de Organizaciones de la Sociedad Civil para la Reducción de Desastres (GNDR) llama la "brecha alerta-acción". No se trata sólo de tiempo o infraestructura: se trata de inclusión, relevancia y apropiación.
El compromiso público es el motor de la acción temprana
Las inundaciones de Valencia revelaron un fallo no en la previsión, sino en el compromiso. El compromiso público no es un extra opcional: es el motor que transforma las alertas en acción. Sin él:
- Los avisos siguen siendo alertas de arriba abajo, no herramientas de propiedad comunitaria;
- Los mensajes se malinterpretan, se desconfía de ellos o se pierden en la traducción;
- Los planes de respuesta se quedan sobre el papel, desconectados de la realidad.
Para que la alerta temprana se convierta en acción temprana, la gente debe ser copropietaria del sistema. Esto significa implicar a las comunidades no sólo como receptoras de información, sino como artífices de su propia resiliencia.
Copropiedad, no sólo comunicación
El camino a seguir es claro: no basta con comunicar el riesgo, debemos crear soluciones conjuntamente.
Esto requiere un cambio fundamental en la forma de diseñar y suministrar los sistemas de alerta temprana. Los sistemas deben ser:
- Integración local: con organizaciones de la sociedad civil (OSC), líderes locales y voluntarios de la comunidad plenamente integrados.
- Cultural y lingüísticamente apropiados: en las lenguas locales y en formatos que tengan sentido.
- Participativa: en la que las comunidades ayudan a identificar los riesgos, definir los umbrales y diseñar las respuestas.
- Aplicable: con instrucciones claras y adaptadas al contexto, recursos accesibles y una planificación integradora.
La preparación debe estar impulsada por las personas, no sólo por las instituciones.
El trabajo de GNDR: Redefinir el compromiso público
En la Red Global de Organizaciones de la Sociedad Civil para la Reducción de Desastres (GNDR), la participación pública es fundamental para nuestro enfoque. Trabajando en más de 130 países, GNDR capacita a las comunidades, las organizaciones locales y los actores gubernamentales para salvar la brecha entre la información y la acción.
He aquí cómo:
- Nuestra encuesta mundial sobre Sistemas de Alerta Temprana Localizados confirma que los sistemas más eficaces se basan en el conocimiento local y son propiedad de las personas a las que sirven.
- Programas como Visión de Primera Línea y Liderazgo Local para un Impacto Global ayudan a las comunidades a evaluar sus propios riesgos, codiseñar planes de preparación y exigir responsabilidades a las instituciones.
- Apoyamos las consultas multilingües e inclusivas, con especial atención a las mujeres, los jóvenes, las personas con discapacidad y las personas mayores, para garantizar que nadie se quede atrás.
- Nuestros kits de herramientas sobre Acción Anticipatoria Local y Localización de las Proyecciones Climáticas ayudan a traducir los datos científicos en estrategias de acción comprensibles y dirigidas por la comunidad.
- Abogamos por cambios políticos globales que sitúen a las comunidades en el asiento del conductor, transformando la alerta temprana en una acción temprana coordinada, inclusiva y de confianza.
A través de este modelo, GNDR está redefiniendo la participación pública, no como divulgación, sino como liderazgo y responsabilidad compartidos.
De los objetivos mundiales a la acción local
La iniciativa de las Naciones Unidas Early Warnings for All (EW4All) pretende garantizar que todos los habitantes de la Tierra estén protegidos por sistemas de alerta temprana para 2027. Pero, como han demostrado las inundaciones de Valencia, las alertas por sí solas no bastan. La protección llega cuando la gente no sólo está advertida, sino que está comprometida, capacitada y preparada.
Para que los sistemas de alerta temprana cumplan su promesa, deben basarse en la confianza, el conocimiento local y la apropiación pública. De lo contrario, se corre el riesgo de que el sistema más sofisticado se convierta en una alarma silenciosa.
Una alerta temprana no es un éxito a menos que se convierta en una acción temprana. Y para ello, el compromiso de los ciudadanos no es un "nice to have", sino la base.