GNDR y el Centro para la Protección ante Desastres presentan un informe sobre la localización de la financiación del riesgo de desastres
GNDR y el Centro para la Protección ante Desastres presentan un nuevo estudio que se basa directamente en los conocimientos y la experiencia de la red de GNDR para mostrar cómo la financiación preestablecida llega —o no llega— a las organizaciones que son las primeras en responder ante un desastre.
Las organizaciones locales son siempre las primeras en intervenir cuando se produce una catástrofe. Este informe recoge su testimonio sobre lo que eso supone realmente, los obstáculos a los que se enfrentan a la hora de acceder a la financiación y qué es lo que debe cambiar, en sus propias palabras.
«Acceso a la financiación del riesgo de desastres para los actores locales de primera línea», publicado hoy por GNDR en colaboración con el Centre for Disaster Protection, se basa en las respuestas a una encuesta realizada a miembros de GNDR de todo el mundo. En lugar de ofrecer una evaluación externa de los agentes locales, se centra en su experiencia directa: las organizaciones que gestionan el riesgo de desastres en sus propias comunidades describen los sistemas de financiación con los que trabajan a diario.
Los resultados ponen de manifiesto una clara brecha entre el conocimiento teórico y la experiencia práctica. Casi el 90 % de los miembros afirmó que la financiación preacordada podría reducir las barreras a la financiación, principalmente gracias a una respuesta más rápida, unos recursos más predecibles y una colaboración más temprana con los agentes locales. Sin embargo, el acceso a estos mecanismos sigue concentrándose en los niveles más altos: las organizaciones locales se ven limitadas en gran medida a funciones de consulta o ejecución, con escasa influencia en la toma de decisiones, el diseño de los mecanismos de activación o el control financiero.
El informe también recoge la creciente presión financiera que sufre todo el sector. Más de tres cuartas partes de los miembros afirmaron que ya se ven afectados, o esperan verse afectados, por los recortes en la ayuda internacional; las organizaciones locales y nacionales son las más castigadas, dadas sus escasas reservas financieras. Esa presión contrasta con otro hallazgo: dos tercios de los miembros creen que las OSC locales ofrecen una respuesta ante desastres más rentable, citando su proximidad a las comunidades, su conocimiento del contexto y sus menores gastos generales. El informe sostiene que el valor y la financiación van en direcciones opuestas.
Menos de una de cada diez organizaciones encuestadas puede acceder a financiación inmediatamente después de una crisis. Y más del 80 % opera en contextos de fragilidad, donde a menudo son los únicos actores capaces de llegar a comunidades a las que otros no pueden atender de forma segura o viable.
El acceso, y no la capacidad, es el principal obstáculo al que se enfrentan los agentes locales. Las solicitudes complejas, los criterios de elegibilidad restrictivos, las elevadas cargas administrativas y la dependencia de intermediarios son los factores que impiden el acceso a las organizaciones de primera línea, y no una falta de capacidad técnica o analítica por su parte.
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