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GNDR presenta una hoja de ruta estratégica para la localización de los sistemas de alerta temprana

Por GNDR
23 de junio de 2026

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Una nueva hoja de ruta de GNDR establece qué debe cambiar —y quién debe actuar— para que los sistemas de alerta temprana funcionen en beneficio de las comunidades que corren mayor riesgo.

Los sistemas de alerta temprana se encuentran entre las herramientas más rentables de las que se dispone para reducir las pérdidas causadas por los desastres. Cuando las personas reciben información oportuna y útil sobre los peligros que se avecinan, pueden protegerse a sí mismas, a sus familias y sus medios de vida.

Pero el sistema no funciona para todo el mundo.

En todo el mundo, las comunidades que se encuentran en primera línea frente a los riesgos climáticos y de desastres siguen sin tener acceso a infraestructuras de alerta temprana. Se emiten alertas, pero estas no llegan hasta el destino final. Los sistemas se construyen sin contar con las personas que los necesitan. La financiación se destina a proyectos a corto plazo que no perduran más allá del ciclo de financiación de los donantes que los crearon.

Esta es la brecha que la nueva Hoja de ruta estratégica de GNDR para la localización de los sistemas de alerta temprana se propone cerrar.

Descargar la hoja de ruta

Un marco para el cambio sistémico

Publicada hoy, la Hoja de ruta estratégica —que forma parte de nuestro proyecto financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, de la Commonwealth y de Desarrollo del Reino Unido, «Localización de los sistemas de alerta temprana y la acción anticipatoria a través de las OSC», con el apoyo de la Cruz Roja Británica y la alianza Risk-informed Early Action (REAP) — se basa en los conocimientos y la experiencia de las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades de primera línea de la red de GNDR, compuesta por más de 2.000 organizaciones miembros en más de 130 países. En ella se defiende un cambio fundamental en la forma en que se diseñan, financian y gestionan los sistemas de alerta temprana, estructurado en torno a seis prioridades estratégicas: gobernanza e integración de políticas; participación y apropiación de la comunidad; tecnología, innovación y datos; fortalecimiento de capacidades; financiación y sostenibilidad; y conocimiento, aprendizaje y evidencia.

En esencia, la hoja de ruta sostiene que las comunidades deben ser consideradas cocreadoras y guardianas de los sistemas de alerta temprana, y no meras receptoras pasivas de información. Los conocimientos indígenas y tradicionales deben reconocerse como un elemento fundamental para la comprensión de los riesgos. Además, los modelos de financiación que actualmente socavan la apropiación local deben sustituirse por una financiación flexible, directa y a largo plazo que permita que los sistemas perduren más allá de los proyectos que los crearon.

Qué hay que cambiar: recomendaciones de las partes interesadas

La hoja de ruta establece recomendaciones específicas para cuatro grupos.

Se insta a las comunidades locales y a las organizaciones de la sociedad civil están llamadas a reforzar las estructuras comunitarias de gestión de desastres, promover la participación inclusiva de las mujeres, los jóvenes, las personas con discapacidad y los pueblos indígenas, e invertir en el seguimiento y el aprendizaje impulsados por la comunidad. La integración de los conocimientos indígenas y tradicionales con los datos científicos —para crear conjuntamente sistemas de alerta culturalmente pertinentes— es fundamental para esta agenda.

Los gobiernos locales y nacionales deben institucionalizar los sistemas de alerta temprana (SAT) adaptados al contexto local dentro de los marcos nacionales de reducción del riesgo de desastres, adaptación al cambio climático y desarrollo, con mandatos claros y mecanismos de rendición de cuentas. La hoja de ruta aboga por asignaciones presupuestarias sostenidas para el mantenimiento, la formación y la participación de la comunidad —alejándose de forma decisiva de los ciclos de proyectos a corto plazo— y por plataformas de coordinación entre múltiples partes interesadas que conecten a los organismos nacionales con las autoridades subnacionales y las comunidades locales.

Se insta a las partes interesadas regionales y mundiales deben facilitar el aprendizaje Sur-Sur, apoyar la alineación de las políticas y la armonización técnica entre países, y defender la agenda de localización en los marcos de reducción del riesgo de desastres y resiliencia climática para después de 2030. Los organismos regionales tienen un papel específico que desempeñar en la promoción de la coordinación transfronteriza y de las redes de alerta temprana frente a múltiples riesgos.

Los donantes y las instituciones financieras se enfrentan quizá al llamamiento más directo al cambio. La hoja de ruta les insta a pasar de una financiación basada en proyectos a una financiación programática y flexible, a invertir en mecanismos de financiación proactivos y basados en el riesgo —incluida la financiación basada en previsiones y los seguros paramétricos— y a dar prioridad a la equidad en las decisiones de financiación, garantizando que las organizaciones dirigidas por mujeres y de base comunitaria tengan acceso directo a los recursos. La inversión basada en resultados, vinculada a mejoras cuantificables en materia de inclusión y resiliencia, en lugar de a productos, es el estándar que establece la hoja de ruta.

Foto: Agencia Aga Khan para el Hábitat

Un momento que exige ambición

La iniciativa EW4All se ha fijado el objetivo de lograr una cobertura universal de los sistemas de alerta temprana para 2027. Se han logrado avances. Sin embargo, la brecha entre el compromiso mundial y la realidad a nivel comunitario sigue siendo amplia, y las comunidades más vulnerables siguen quedando rezagadas.

La Hoja de ruta estratégica de GNDR es un llamamiento a la ambición que exige el momento actual: no se trata de una mejora gradual de los sistemas existentes, sino del tipo de cambio estructural que traslade el poder, los recursos y la toma de decisiones hacia las personas que más necesitan la alerta temprana.

La sociedad civil tiene un papel fundamental que desempeñar para que eso sea posible: como defensora, como ejecutora y como las organizaciones que siguen presentes en las comunidades mucho después de que la atención internacional se haya desviado hacia otros temas.

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